Las organizaciones no gubernamentales, en particular las que trabajan sobre cuestiones sociales, cumplen un rol importantísimo en la comunidad, tal como quedó demostrado en lo peor de la crisis. Como la mayoría de las cosas las hacen a pulmón, resulta natural que surjan ineficiencias operativas en la gestión, si se las mide con un criterio empresario.
En los últimos tiempos cobró importancia entre los hombres de negocios la responsabilidad social, pero aún no está claro por dónde debe pasar el eje en acciones de este tipo y parecería seguir siendo predominante la tradicional fórmula de la beneficencia.
En este contexto resulta interesante analizar la experiencia de tres empresas tecnológicas de Rosario que prestan servicios en forma desinteresada a la radio La Colifata de los internos del Hospital Borda, a partir de una iniciativa del inquieto empresario Federico Seineldin.
La radio de los colifatos del Borda tiene una misión terapeútica, desmitificar la locura, y al mismo tiempo establece un contacto entre los internos y los populares programas.
Seineldín detectó ineficiencias en el mecanismo de retransmisión de los programas, que se emiten por todo el país, y se puso manos a la obra. En lugar del costoso trámite de grabar y enviar por correo CD con los micros, se diseñó un sistema que permite colocar el material en la web. Esto multiplica las posibilidades de que más emisoras puedan recibirlo y al mismo tiempo los internos del Borda pueden controlar con exactitud cuáles son los micros que se difunden y por cuáles emisoras.
Al proyecto de La Colifata se sumaron otras dos tecnológicas rosarinas: Global Crossing, que proveyó la infraestructura para hostear la nueva web y e-ducativa, que facilitó el software mediante el cual diferentes radios del país acceden a la web y bajan los micros actualizados.
Para una segunda etapa se prevé hacer el programa en vivo por Internet y que los internos del Borda tomen contacto directo con sus oyentes. "Es un modelo de inclusión social que sirve no sólo para estos pacientes porque también se puede instrumentar con otros sectores de la sociedad que padezcan algún tipo de aislamiento", se entusiasma Seineldín, que hace dos años fue galardonado con el premio Endeavor por un proyecto que apunta a desarrollar soluciones tecnológicas a distancia de los grandes centros urbanos y contribuye a evitar el despoblamiento de los pequeños pueblos del interior.
Estas acciones de responsabilidad social por parte de Openware parecen no ser fruto de la casualidad y también remiten a una visión distinta de la globalización: "Visionamos un mundo distinto, donde la ubicuidad de las redes y la tecnología permitan construir comunidades cooperativas, economías centradas en servicios, organizaciones virtuales, sociedades más justas y seres más libres a través de la interacción y el intercambio social continuo de información y conocimientos", se subraya en la página web de la compañía.