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22 Julio, 2014

¿Y si educáramos “a lo Mascherano”?

Por Jorge Rey Valzacchi

jorge@virtualeduca.org

Luego de la estremecedora semifinal que la selección de Argentina le ganó a la de Holanda, Javier Mascherano se convirtió en un ídolo nacional, llevado a las alturas de un prócer indiscutido. Cientos de “Maschefacts” describiendo todo lo que el esforzado volante argentino puede hacer, se hicieron eco de esta situación inundando Internet con gracia e ingenio popular. “Si Mahoma no va a la montaña, Mascherano se echa un pique y se la alcanza”, “El pánico tiene ataques de Mascherano”, o “Dios madruga para que Mascherano lo ayude a él” son algunos de los más ocurrentes y divertidos.

La derrota en la final ante Alemania, si bien dejó ese sabor amargo de no haber obtenido la tan ansiada Copa, refirmó ante la consideración popular la entrega y hombría de bien del “capitán sin brazalete”, tal como se denominó al otrora “Jefecito” y hoy “Jefe” oriundo de la localidad de San Lorenzo, provincia de Santa Fe.

En la recepción que la Presidenta de la Nación le hiciera a los integrantes de la Selección a su regreso a la Argentina, varios de los jugadores expresaron sus sentimientos, pidiendo disculpas –en algunos casos- por no haber traído el máximo galardón. Javier Mascherano, sin embargo, fue más categórico al señalar que “Nos fuimos con muchas dudas, pero volvimos con muchas certezas. Hemos dejado valores para la gente de cómo competir y cómo hacerlo. Ojalá que marquemos un camino y se pueda seguir”.

Siguiendo esa línea de razonamiento, hoy somos muchos los que nos gustaría contar con un Mascherano no sólo en el ámbito futbolístico, sino en cada uno de los tramados de nuestra sociedad. Personas a las cuales admirar y sentir orgullo. Personas que nos alienten y estimulen en nuestras actividades cotidianas. Personas, en definitiva, a las que tratar de emular.

En este sentido, la Educación (escrito así, con mayúscula), aún con todos los cuestionamientos que se le hacen hoy en día al sistema educativo, sigue siendo la herramienta fundamental para el progreso social y la convivencia armónica en un mundo altamente conflictivo. Los docentes, en este proceso, somos en gran medida los grandes responsables de los éxitos y fracasos no sólo de ese vilipendiado sistema, sino también de los logros y frustraciones de nuestros alumnos.

¿Y si los docentes, y quienes tenemos la responsabilidad de formar, educáramos “a lo Mascherano”? Sin ánimo de idolatrar al “Jefe” ni de hacer algún tipo de categorización veamos algunos de esos valores y actitudes a los cuales, aún sin mencionarlos explícitamente, se refería Javier, y que como docentes podríamos aplicar en nuestro quehacer y contexto.

Pasión: en la jerga cotidiana si le preguntásemos a cualquier persona que haya visto los partidos de Argentina en este último Mundial acerca de cómo definiría a Mascherano, seguramente nos respondería que es “un tipo con grandes huevos”. En términos algo más académicos podríamos decir que Mascherano le pone emoción a las cosas que hace dentro de la cancha, o sea “energía positiva en movimiento”. No es algo que deba explicarse mucho porque se siente a flor de piel. Eso es lo que infunde Mascherano en cada pelota que traba ante un contrario, en cada quite, en cada entrega… ¿Estamos transmitiendo esa pasión los docentes cuando nos ponemos al frente de un aula? ¿Los alumnos lo pueden percibir claramente, tal como cada uno de nosotros “siente” a Mascherano aunque sea ante un televisor?

Dedicación y Superación: la remanida frase “transpirar la camiseta” no debería ser de uso exclusivo para quienes practican algún deporte. Cuando al finalizar un partido vemos a Mascherano sudando como ninguno, con su rostro exhausto, y con sus ropas embarradas, nos da la sensación que se jugó “el todo por el todo” haciendo un esfuerzo supremo en cada minuto de juego, tratando de superarse en la entrega por el bien común. ¿Estamos dando de nosotros el ciento por ciento de nuestras capacidades, aún a sabiendas de nuestras equivocaciones cada vez que pisamos un aula?

Capacitación e Inmersión: cuando Mascherano dijo, al finalizar el encuentro contra Holanda “Lo hemos jugado con corazón, con alma, pero con una inteligencia táctica impresionante”, hacía referencia –aunque no explícitamente- a que es necesario prepararse no sólo desde lo anímico sino también desde lo racional e intelectual propiamente dicho. Preparar una estrategia de consuno con el entrenador, y ser “el” referente dentro de la cancha para aplicarla, permitió disminuir las posibilidades de los adversarios, inclusive en la final. Es decir, meterse de pies a cabeza en el agua, y no solamente tocar el agua con la punta de los pies, debería ser una actitud de vida en cualquier profesión y más aún en la actividad docente.

Contracción al trabajo: aguantar el ritmo de competición de partidos con alargues, con escasos días de recuperación, supone extenuantes jornadas de entrenamiento, ejercitación y dietas alimenticias. ¿Hasta dónde estamos dispuestos a hacer ese tipo de esfuerzos y concesiones? ¿Lo que le pedimos a Mascherano es aquello que nosotros nos imponemos en nuestra actividad como educadores?

Mente abierta: cuando Pep Guardiola llevó a Mascherano al Barcelona F.C., le pidió que cambiara su tradicional función de mediocampista central por el de zaguero. Si bien Mascherano aceptó el reto, varios de los partidos que debió disputar en ese rol le fueron desfavorables, y la crítica -tanto de los periodistas como de los hinchas- recayó despiadadamente sobre él. Sin embargo, Mascherano no se amilanó y optó por abandonar esa “zona de confort” que le fue tan propicia en su carrera por algo nuevo en función del bien del equipo, tal como pretendía su entrenador. ¿Estamos preparados los docentes para cambiar nuestra forma en que enseñamos abriéndonos a nuevas estrategias?

Motivación y Estimulación: La arenga de Mascherano al arquero argentino “Chiquito” Romero antes de los penales (“Hoy te convertís en héroe”) ya forma parte de los hitos que se recordarán de generación en generación. ¿Se hubiera sentido de la misma manera Romero si Mascherano no lo insuflaba con sus palabras para el logro de sus objetivos? ¿Se sienten así los Romeros y Romeritos que tenemos a nuestro cargo en el aula?

Entereza y Sacrificio: en una jugada que quedó grabada en la retina y en el corazón de todos los argentinos, Mascherano se estiró hasta más allá del límite para evitar que el delantero holandés Robben marcara en el último minuto del partido, lo que hubiera supuesto la eliminación de Argentina en esa instancia. Al finalizar el encuentro, y ante la pregunta de los periodistas acerca de esa crucial jugada, Javier dijo que “se le abrió el ano” (sic). Y no fue un eufemismo, ya que su expresión de dolor así lo confirmaba. ¿Hasta dónde somos capaces de “rompernos el ano” por los demás (y por nosotros mismos) para que las cosas sucedan y que los cambios que pedimos en la educación se produzcan?

Liderazgo y Convicción: ver a Mascherano durante el partido orientando en sus posiciones a sus compañeros o en los entretiempos de los alargues dando indicaciones a la par de Sabella, lo muestran como un verdadero referente y líder a escuchar y seguir. Asimismo, haciéndose respetar ante los adversarios como en la ya famosa foto en donde se lo ve enfrentando a dos enormes belgas. “Este es mi equipo y no nos dejaremos avasallar” parece decirles, cual gladiador imperial, dadas las caras de los incrédulos contrincantes. No por prepotencia sino por convicción. ¿Estamos convencidos de lo que hacemos para llevar nuestros proyectos adelante aún enfrentándonos a fuerzas superiores?

Reconocer errores (y limitaciones): en uno de los partidos por las eliminatorias hacia el Mundial de 2014, ante Ecuador, Mascherano fue expulsado por darle una patada al camillero que lo llevaba lesionado. Insólita situación y descontrolada reacción, sin lugar a dudas. Sin embargo, en la conferencia de prensa posterior, Mascherano dijo: “Uno es lo suficientemente grande para reconocer sus errores, todo lo que pasó me avergüenza mucho, me entristece. Me gustaría que mi error no empañe la buena imagen que dejó el equipo”. Los educadores… ¿volvemos sobre nuestros pasos evaluando cada uno nuestros actos sabiendo que muchas veces dejan marcas indelebles en nuestros alumnos?

Paciencia: Una y otra vez la pelota que pasaba lateralizada por los pies (y la cabeza) de Mascherano, sin desesperarse aún ante varios adversarios que lo acosaban. Buscando espacios, buscando soluciones… hasta encontrar el destino más conveniente. Casi una rutina planificada que podría exasperar hasta el más calmo. Quizás hubiese sido más fácil para él sacarse la pelota de encima o patearla hacia los delanteros para que se hagan cargo… ¿No hay cierta procastinación en nuestra actividad?

Humildad: En el Mundial de 2010, jugado en Sudáfrica, Mascherano ostentó la cinta de capitán que le otorgó el entonces entrenador Diego Maradona. Al llegar Alejandro Sabella en 2011 le dio esa distinción a Messi, no sin antes explicarle las razones al “Jefe”, lo cual aceptó con gran naturalidad y sentido de la camaradería. Si hay una cualidad netamente visible en Mascherano es su humildad, su modestia y en definitiva su perfil bajo al hacer declaraciones. Por más alabanzas que reciba, Mascherano siempre habla sobre “el equipo” por encima de su actuación personal. ¿Son más importantes los cargos nominales a los que aspiramos y de los que nunca quisiéramos desprendernos, o las funciones que debemos llevar adelante?

Para finalizar: Este Mundial nos ha dejado ciertas enseñanzas, de esas que no se planifican previamente, ni que se vislumbraban siquiera al comienzo del mismo. Dice el refranero popular: “En la cancha se ven los pingos”. Pues bien, que esta simple metáfora nos permita reflexionar desde nuestra actividad docente para un mejoramiento en la calidad de la Educación.

Comentarios
  • Juana Duarte 21 Agosto, 2014 :

    Excelente el articulo ejemplo de vida. Mascherano ejemplo en la vida y en la cancha!!!

  • Sergio Vázquez 6 Diciembre, 2014 :

    Cuanta razón y enseñanza de vida tiene este artículo. Le felicito y a la vez agradezco lo haya publicado.

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